ética

Filosofía y animales

De Pitágoras a las filósofas españolas y latinoamericanas de hoy: quién ha argumentado esto, con qué razones, y en qué puntos siguen sin ponerse de acuerdo entre ellas.

Publicadoagosto de 2026
Actualizadoagosto de 2026
UsoLibre con atribución

¿Por qué no debería comerme a este animal? es una pregunta que la filosofía lleva formulando, de una forma u otra, más de dos mil quinientos años. No es un debate que empezara con los documentales de la última década ni con las etiquetas «plant-based» en los supermercados: tiene una historia larga, con nombres propios, con desacuerdos internos y con una tradición en español que pocas veces se cuenta. Esta guía la recorre, dando espacio sobre todo a las autoras, muchas de ellas españolas o de habla hispana, cuyo trabajo casi nunca aparece cuando se habla de «los filósofos del veganismo».

Vocabulario antes de empezar
SintienciaCapacidad de experimentar sensaciones, especialmente dolor y placer. Es el criterio que la mayoría de estas autoras usan para decidir quién merece consideración moral: no la inteligencia, no el parecido con el ser humano, sino la capacidad de sufrir.
EspecismoDar menos peso moral a los intereses de un individuo solo por pertenecer a una especie distinta a la nuestra, del mismo modo que el racismo o el sexismo dan menos peso a alguien por su raza o su sexo. El término lo acuñó el psicólogo Richard Ryder en 1970; Peter Singer lo popularizó en Liberación animal (1975), pero no es su autor, pese a la atribución habitual.
AntropocentrismoLa idea, casi nunca formulada de forma explícita pero muy extendida, de que el ser humano es el centro y la medida de lo que tiene valor en el mundo.
Argumento de los casos marginalesSi la razón para excluir a los animales de la consideración moral es su capacidad cognitiva, esa misma razón excluiría también a bebés humanos o a personas con discapacidad cognitiva grave, algo que nadie está dispuesto a aceptar. El argumento señala esa inconsistencia.
Ética / moralLa moral es la norma o el código de conducta ya promulgado: un edicto, un precepto, una ley. La ética es la reflexión que argumenta y justifica (o cuestiona) esa norma. Esta guía usa «ética» para cualquier razonamiento filosófico que defiende una postura (da igual que sea de Pitágoras, de un tratado jainista o de una filósofa española de hoy) y reserva «moral» para la norma ya aplicada, como un edicto imperial o un reglamento. La etiqueta se decide por el tipo de contenido, nunca por su origen geográfico o religioso: una tradición no es «solo moral» por venir de Asia, igual que otra no es «ética de verdad» por venir de Grecia.

Una aclaración antes de empezar, para quien no venga ya familiarizado con este debate: cuando en esta guía se habla de «antes de Singer», el nombre es el de Peter Singer, filósofo australiano cuyo libro Liberación animal (1975) se cita casi siempre (en prensa, en documentales, en la propia Wikipedia) como el punto de partida de la ética animal contemporánea, hasta el punto de que buena parte del público asume que fue el primero en plantear estas preguntas con seriedad filosófica. Más adelante, en la sección siguiente, se explica quién fue Singer y por qué su libro marcó un antes y un después. Pero conviene empezar por donde de verdad empieza esta historia: mucho antes de 1975, y muy lejos de Europa.

Antes de Singer: de Persia a Pitágoras

Contar esta historia empezando por Grecia, como suele hacerse, es ya una forma de sesgo: la formulación filosófica más antigua, más sistemática y más exigente de la no-violencia hacia los animales no nació en Occidente. Nació en la India, varios siglos antes de Pitágoras, y tiene continuaciones en China que casi nunca se cuentan junto a Singer y Regan aunque discutan exactamente lo mismo.

Zoroastrismo: el lamento del alma del ganado

Desde una tradición completamente distinta a la india, el zoroastrismo persa conserva lo que podría ser el testimonio escrito más antiguo de una queja formulada en nombre de un animal. En el Yasna 29, uno de los himnos atribuidos al propio Zoroastro, el alma del ganado se lamenta ante Ahura Mazda de la crueldad sufrida en vida (no del sacrificio ritual en sí), y ese sufrimiento se enmarca como una falta contra vohu manah, el «buen pensamiento», uno de los principios éticos centrales de la religión 1. El propio Zoroastro se opuso a las formas más crueles de sacrificio de su época, exigiendo que el animal fuera tratado con cuidado y su sufrimiento reducido al mínimo, aunque no llegó a prohibirlo del todo 2.

La fecha es incierta y muy discutida, las propuestas académicas más solventes no lo sitúan más allá del siglo VIII A.E.C., lejos de los mil setecientos años antes de nuestra era que repiten algunas fuentes divulgativas, pero incluso con la datación más conservadora es anterior o, como mucho, contemporáneo al jainismo más temprano 3. No es, en cualquier caso, una ética animal universal: los mismos textos toleraban matar sin reparo a especies consideradas «dañinas», por entenderse creaciones del principio del mal 4.

Jainismo: una ética que se deduce, no se impone

El jainismo (India, en torno al siglo VI A.E.C., sistematizado filosóficamente varios siglos después) no se limita a prohibir matar: construye un sistema metafísico completo del que la dieta se sigue por deducción. Clasifica a todos los seres vivos (jiva) según el número de sentidos que tienen (de uno, que tienen las plantas y los elementos de tierra, agua, fuego y aire, a cinco, que tienen los mamíferos, las aves, los peces y los humanos) y de ahí deriva una no-violencia (ahimsa) graduada: dañar a un ser de un sentido pesa moralmente menos que dañar a uno de cinco, pero sigue pesando y sigue estando prohibido para quien aspira a la práctica más estricta. Esto explica prácticas que, vistas desde fuera, parecen arbitrarias, como evitar las verduras de raíz porque arrancarlas mata al organismo entero, o que los monjes barran el suelo por delante de sus pies para no pisar insectos sin querer, pero que dentro de ese sistema son perfectamente consistentes 5.

El lema oficial del jainismo, parasparopagraho jivanam («todos los seres vivos se sostienen mutuamente»), procede del Tattvartha Sutra de Umasvati, obra que (entre el siglo II y el V de nuestra era) hizo con la ética jainista algo parecido a lo que Aristóteles hizo con la suya: sistematizarla con rigor argumentativo, no solo enunciarla como precepto religioso.

Un matiz que conviene mencionar: ese rigor no equivale a veganismo. La inmensa mayoría de jainistas, históricamente y hoy, consumen lácteos (leche y ghee) sin ningún problema doctrinal, porque el sistema pesa el daño de matar o herir directamente a un ser, no el de aprovechar lo que produce mientras vive 6 7. Algunas comunidades jainistas de la diáspora occidental sí han empezado a evitar los lácteos, pero por una razón que la tradición antigua no contemplaba: la industria lechera moderna termina, casi siempre, con la vaca en el matadero cuando deja de producir lo suficiente. Es un buen ejemplo de cómo una tradición puede ser extraordinariamente rigurosa en un eje (la violencia directa) y no plantearse siquiera otro (la explotación reproductiva) que solo se vuelve visible con la ganadería industrial.

Budismo: de precepto personal a política de Estado

El primer precepto budista (abstenerse de matar) es tan antiguo como el propio Buda (siglo V A.E.C.), pero lo que convierte al budismo en un antecedente histórico de primer orden es lo que hizo con él el emperador Ashoka en el siglo III A.E.C.: la convirtió en legislación de un imperio. Tras la sangrienta guerra de Kalinga, sus edictos, grabados en piedra, algunos de ellos conservados hasta hoy, declaran protegidas por decreto a especies concretas (loros, gansos, murciélagos, tortugas, erizos, rinocerontes, y a las hembras preñadas o con cría de cualquier especie), prohíben la castración de gallos y la quema de bosques con animales dentro, y ordenan construir hospitales para el ganado junto a los de personas en todo el territorio. Es, probablemente, el primer texto de bienestar animal legislado, no solo argumentado, de la historia 8.

Siglos después, en China, el budismo Mahayana llevó el precepto un paso más allá con el emperador Wu de Liang (r. 502–549 E.C.), que convocó debates monásticos, tomó partido por el vegetarianismo estricto y prohibió por decreto la carne y el alcohol a todo el clero budista de su imperio, una postura más radical que la del budismo Theravada, donde comer carne sigue permitido si el animal no fue matado específicamente para quien come.

La otra mitad del decreto de Wu de Liang

No fue solo una decisión ética. Un análisis académico reciente muestra que la prohibición de carne llegó a los pocos años de que Wu estableciera los «preceptos del bodhisattva» como ideal monástico, y que ambas medidas formaban parte de una misma estrategia para concentrar en el emperador la autoridad última sobre la comunidad budista, descartando de paso las tradiciones consideradas «hinayana» 9. No invalida el argumento ético (una misma medida puede estar bien fundamentada y, además, servir a quien la firma), pero conviene saberlo antes de citar el episodio como un acto de pura convicción filosófica.

Tampoco el budismo histórico fue mayoritariamente vegetariano, ni siquiera dentro del monasterio: fuera de él, los monjes debían aceptar lo que se les diera, incluida carne o pescado, con la única condición de no haber presenciado ni sospechado que el animal hubiera sido matado para ellos. Sí había vetos específicos por especie (elefante, caballo, perro, serpiente, león, tigre), mientras que la caza menor quedaba fuera de esa prohibición 6 10.

China sin budismo: el buey de Mencio

Fuera de la influencia budista, el confucianismo no es vegetariano ni tiene una prohibición categórica, pero sí aporta un argumento filosófico genuino y de estructura distinta a la occidental. En un pasaje de la obra de Mencio (Libro 1A:7) (siglo IV A.E.C.), el rey Xuan de Qi ve un buey temblando de camino al sacrificio e incapaz de soportarlo, ordena sustituirlo por una oveja que no ha visto. Mencio elogia el gesto como una expresión de benevolencia (ren), pero advierte de que «la persona noble se mantiene alejada de la cocina»: la compasión, en este esquema, depende de la proximidad y de lo que efectivamente se ve, no de un principio universal que se aplique igual se mire o no se mire 11.

Es, casi literalmente, el argumento del «referente ausente» de Carol Adams: no ver el sufrimiento es lo que permite seguir comiendo, formulado dos mil trescientos años antes, desde una tradición que ni siquiera se propone ser antiespecista.

Grecia: una segunda vía

Sitúa ya en su lugar cronológico a la tradición que la filosofía occidental suele presentar como el origen: los pitagóricos, en el siglo VI antes de nuestra era, con probablemente el primer vegetarianismo filosófico sistemático de esa tradición concreta. Sus razones combinaban la creencia en la transmigración de las almas, la convicción de que comer carne dañaba el cuerpo y el alma, y una preocupación genuina por el sufrimiento animal 12.

Esa tradición continuó con Empédocles y Teofrasto, y llegó a su expresión más completa con Porfirio (234–305 E.C.), filósofo neoplatónico que escribió Sobre la abstinencia de alimentos de origen animal, una de las defensas más elaboradas del vegetarianismo de toda la Antigüedad occidental. Porfirio combinó argumentos éticos sobre el sufrimiento animal con argumentos de salud y con una versión temprana del argumento de los casos marginales, el mismo que reaparecerá, casi dos mil años después, en Peter Singer 13.

De Aquino a Bentham: diecisiete siglos de silencio, y una fisura

Entre Porfirio y Peter Singer no hay un vacío total, pero sí un larguísimo tramo en el que la filosofía occidental cierra, más que abre, la puerta a los animales. Tomás de Aquino, en el siglo XIII, establece que solo los seres racionales merecen consideración moral «por derecho propio»: los animales, al no poder dirigir sus propias acciones, son instrumentos al servicio del fin último del ser humano 14. Descartes, en el XVII, va todavía más lejos: los animales son autómatas, mecanismos sin alma ni experiencia consciente, indistinguibles en el fondo de un reloj 15. Esta idea domina buena parte del pensamiento europeo moderno, y explica en parte, como señala Jeangène Vilmer, la hondura de las raíces cartesianas del humanismo francés que tanto ha resistido históricamente a la ética animal.

La fisura decisiva llega con Jeremy Bentham en 1789: «la pregunta no es, ¿pueden razonar?, ni ¿pueden hablar?, sino ¿pueden sufrir?» 16. Es la misma pregunta, casi con las mismas palabras, que Singer pondrá en el centro de Liberación animal casi dos siglos después. Entre ambos, dos activistas victorianos tienden el puente final: Frances Power Cobbe (1822-1904), que en 1875 fundó la primera gran sociedad antivivisección británica y unió explícitamente esa causa a la lucha feminista, por entender ambas como resistencia a «la brutalidad del fuerte sobre el débil» 17, y Henry Salt, cuyo libro Animals’ Rights Considered in Relation to Social Progress (1892) es el primero en usar el término «derechos de los animales» con el sentido que le darán después Singer y Regan.

Un matiz necesario

Que estas ideas existieran hace dos mil o dos mil quinientos años no las convierte en el argumento definitivo: todas estas tradiciones antiguas (india, china y griega) convivían con la esclavitud y con jerarquías que hoy rechazamos sin dudar, y algunas de sus razones (la transmigración de las almas, la jerarquía cósmica entre humanos y dioses) no son las que sostienen el veganismo contemporáneo. Lo que interesa conservar de todas ellas no es su cosmología, sino la constatación de que negar valor moral al sufrimiento animal nunca ha sido la única postura filosóficamente seria disponible.

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El giro de 1975: Singer, Regan y el nacimiento de la ética animal académica

Entre la Antigüedad y el siglo XX, el argumento apenas avanzó como disciplina académica. Lo que cambia en 1975 es que la ética animal deja de ser una posición minoritaria dentro de la filosofía moral y se convierte en un campo de estudio propio, con metodología y debate interno. El detonante fue Liberación animal, del filósofo australiano Peter Singer.

Singer parte de una idea utilitarista: si el sufrimiento es malo, es igual de malo con independencia de quién lo sufra. Su principio de igual consideración de intereses no dice que un cerdo y una persona sean iguales en todo, sino que el interés de ambos en no sufrir pesa lo mismo a la hora de decidir qué es correcto. La ganadería industrial, argumenta, causa sufrimiento a gran escala para satisfacer una preferencia de sabor que casi nunca es una necesidad nutricional real: por tanto, es moralmente incorrecta.

Un matiz necesario

El principio de igual consideración de intereses no ha cambiado, pero conviene no confundirlo con una postura abolicionista: Singer siempre ha sido, dentro de la ética animal, un bienestarista, no un abolicionista. Si lo único que cuenta moralmente es el sufrimiento y no el uso en sí, un animal criado y sacrificado sin sufrimiento significativo sería, en su propio cálculo, aceptable en teoría. Esto le ha valido críticas de autores abolicionistas como Gary Francione, que señala declaraciones de Singer como que ser «omnívoro consciente» (comer solo animales que tuvieron «una buena vida») «podría ser una posición ética defendible», o su autodescripción como «vegano flexible» 18. Es la misma fractura [abolicionismo frente a bienestarismo] que se explica más abajo, en el mapa de corrientes.

Ocho años después, Tom Regan publicó The Case for Animal Rights (1983) con una crítica de fondo al planteamiento de Singer: si el bienestar animal depende solo de sumar y restar sufrimiento, en teoría podría justificarse sacrificar a unos pocos animales si eso maximiza el bienestar general. Regan propone en su lugar que los animales (al menos los mamíferos adultos, «sujetos de una vida») tienen un valor inherente que no puede sacrificarse por el beneficio de otros, tengan o no derechos legales reconocidos. No basta con minimizar el sufrimiento: hay límites que no deberían cruzarse nunca.

«Si la razón por la que excluimos a los animales de la esfera moral es que carecen de ciertas capacidades cognitivas, esa misma razón excluiría también a seres humanos que carecen de ellas —recién nacidos, personas con discapacidad cognitiva grave— y eso nadie está dispuesto a aceptarlo.»

— versión resumida del argumento de los casos marginales, formulado ya por Porfirio y retomado por Singer y Regan

Medio siglo después, la primatología sigue confirmando esa misma idea desde la ciencia. La primatóloga Christine Webb, de la Universidad de Nueva York, argumenta que el excepcionalismo humano, la idea de que somos categóricamente distintos del resto de animales, es una construcción cultural que la propia etología contradice: las fronteras cognitivas reales nunca han coincidido de forma limpia con las fronteras entre especies 19.

Singer y Regan discrepan en el fundamento (consecuencias frente a derechos) pero comparten el punto de partida: la especie, por sí sola, no es una razón moralmente relevante para decidir de quién nos importa el sufrimiento. Ese punto de partida sigue siendo, medio siglo después, el suelo común sobre el que se construye casi toda la ética animal posterior.

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Carol Adams y el «referente ausente»

Singer y Regan preguntan qué le debemos moralmente a los animales. Carol J. Adams, en The Sexual Politics of Meat (1990, traducido al español como La política sexual de la carne) 20, pregunta algo distinto: por qué el lenguaje y la cultura hacen tan fácil no pensar en el animal cuando comemos su carne. Su concepto central es el del referente ausente: el proceso por el que un ser vivo, individual y con intereses propios, se convierte en «carne», una palabra sin cuerpo, sin historia y sin sufrimiento asociado. Ese mismo mecanismo, argumenta Adams, opera también sobre las mujeres cuando la publicidad y el lenguaje las convierten en objetos intercambiables con trozos de carne.

La aportación de Adams no sustituye a Singer y Regan: los complementa señalando algo que la ética analítica no suele mirar, que es cómo el lenguaje, la publicidad y la cultura hacen invisible la pregunta ética antes incluso de que lleguemos a plantearla. Su segundo concepto, el de las «proteínas feminizadas» (leche y huevos, obtenidos de los procesos reproductivos de hembras explotadas mientras viven y después al ser sacrificadas), es el puente directo hacia el ecofeminismo que desarrollan, ya en español, Alicia Puleo y Angélica Velasco Sesma.

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Voces propias: la ética animal en español

Cuando se habla de «los filósofos del veganismo» en general, casi siempre aparecen los mismos dos o tres nombres, todos anglosajones y todos hombres. Es una simplificación injusta: España y América Latina tienen una tradición propia, activa y de referencia internacional en ética animal y ecofeminismo, con más de una autora citando y siendo citada por Singer y Regan de tú a tú, no como receptoras tardías de un debate ajeno. Esta sección les da el espacio que rara vez ocupan.

Marta Tafalla: salir de la burbuja antropocéntrica

Marta Tafalla (Barcelona, 1972) es profesora de la Universitat Autònoma de Barcelona y miembro del Centre for Animal Ethics de la Universitat Pompeu Fabra. Su trabajo conecta la estética (cómo percibimos y valoramos la naturaleza y a los animales) con la ética ecológica. Su argumento central es que la cultura occidental nos ha educado en una forma de mirar superficial, que convierte a los animales en decorado o en ornamento y a la naturaleza en paisaje para el disfrute humano, sin reconocer nunca a los seres vivos como sujetos con su propia existencia.

«Necesitamos salir de la burbuja antropocéntrica y reconocernos como animales ecodependientes.»

— Marta Tafalla
Filosofía ante la crisis ecológica Marta Tafalla, profesora de Filosofía (Universitat Autònoma de Barcelona)

Su obra más reciente, y la más directamente aplicable a esta guía: plantea la crisis ecológica como un problema de convivencia entre especies, no solo técnico, y defiende el decrecimiento, el veganismo y el rewilding como las tres vías de esa convivencia.21 A diferencia del libro de Horta citado más abajo, no tiene descarga gratuita ni licencia Creative Commons.

Plaza y Valdés, 2022 · 332 pp. · ISBN 978-84-17121-56-3

Para quien cocina o compra pensando en el impacto animal, la aportación de Tafalla es concreta: la calidad de un ingrediente de origen animal no puede reducirse a su sabor o su textura, porque eso es precisamente mirarlo desde dentro de la burbuja que ella denuncia. Reconocer al animal implica reconocer también al ser vivo del que procede 22.

Angélica Velasco Sesma: la lógica de la dominación

Angélica Velasco Sesma (Valladolid, 1986) es profesora de Filosofía Moral en la Universidad de Valladolid y discípula directa de Alicia Puleo. Su libro La ética animal. ¿Una cuestión feminista? (Cátedra, 2017; 5ª ed. 2021) es ya un texto de referencia en español sobre ecofeminismo y ética animal 23.

Su tesis es incómoda incluso para la propia ética animal anglosajona: señala que Singer y Regan, pese a fundar el campo, reproducen el sesgo androcéntrico de la filosofía moral occidental al tratar las emociones como algo inferior a la razón y descartar la ética del cuidado como si fuera filosóficamente menor. Frente a eso, propone integrar los principios universales de justicia con los valores del cuidado, sin renunciar a ninguno de los dos. Su concepto más citado es el de la lógica de la dominación: la estructura conceptual, común al sexismo y al especismo, que convierte una diferencia (de sexo, de especie) en inferioridad, y la inferioridad en justificación para dominar. La animalización de las mujeres y la feminización de los animales, argumenta, son la misma operación simbólica vista desde dos lados.

La tesis más provocadora de Velasco

Velasco sostiene que tratar cotidianamente a los animales como mercancía (en el matadero, en la etiqueta, en el lenguaje) «embota» la sensibilidad ética general, no solo la que dedicamos a los animales. Es una hipótesis fuerte, difícil de zanjar empíricamente, pero plantea una pregunta que rara vez se hace en el sector de la hostelería y la alimentación: si tratar rutinariamente cuerpos animales como cosas tiene algún efecto sobre cómo tratamos también a las personas (empleadas, proveedoras, etc.) dentro de esa misma cadena.

Alicia Puleo: el ecofeminismo que no esencializa

Alicia H. Puleo (Buenos Aires, 1952) es profesora emérita de Filosofía Moral y Política en la Universidad de Valladolid y una de las teóricas de referencia del ecofeminismo en el mundo hispanohablante. Su propuesta, el ecofeminismo crítico (o «ilustrado»), es deliberadamente distinta de otras corrientes ecofeministas que vinculan a las mujeres con la naturaleza de forma esencialista, como si existiera una conexión biológica o espiritual innata entre ambas. Puleo rechaza esa idea: para ella, el vínculo entre la dominación de las mujeres y la de la naturaleza (y los animales) no es metafísico, sino histórico y cultural, y por eso mismo puede desmontarse con las herramientas de la razón ilustrada (libertad, igualdad) en lugar de con un retorno romántico a lo «natural».

Puleo dirigió durante más de una década la Cátedra de Estudios de Género en Valladolid y fundó, junto a otras autoras, la Red Ecofeminista española en 2012. Entre sus obras: Ecofeminismo para otro mundo posible y Claves ecofeministas. Para rebeldes que aman la Tierra y a los animales 24. Recibió el Premio Konex 2024 al Ensayo Filosófico y la distinción «Berta Cáceres» en 2020.

Catia Faria: llevar la ética animal hasta el final

Catia Faria es profesora de Filosofía Moral en la Universidad Complutense de Madrid y miembro fundadora del Centre for Animal Ethics de la Universitat Pompeu Fabra. Su libro Animal Ethics in the Wild (Cambridge University Press, 2023) defiende una posición que incomoda tanto al sentido común como a buena parte del ecologismo: si el sufrimiento de un animal importa moralmente con independencia del contexto, entonces también importa el sufrimiento de los animales que viven en la naturaleza (depredación, enfermedad, hambre), y eso genera obligaciones positivas de ayudar, no solo la obligación negativa de no hacer daño nosotros mismos 25.

Con Núria Almiron, Faria ha estudiado también cómo el lenguaje normaliza el especismo (Especismo y lenguaje, Plaza y Valdés, 2024), relevante para pensar cómo se nombran los ingredientes y los platos de origen animal en la cocina profesional, y, con Eze Paez, ha argumentado que la ética animal y buena parte del ecologismo tradicional son, en algunos puntos, posiciones filosóficamente irreconciliables. Esa tensión se desarrolla en la sección siguiente.

Óscar Horta: el nombre que puso «especismo» en el debate español

Óscar Horta, de la Universidade de Santiago de Compostela, defendió en 2007 la primera tesis doctoral sobre ética animal del mundo hispanohablante y recibió ese mismo año el Premio de Ensayo Ferrater Mora. Es cofundador de la Fundación Ética Animal y el filósofo español de mayor proyección internacional en este campo. Su posición es igualitarista: da el mismo peso al sufrimiento de cualquier ser sintiente con independencia de su especie, y, como Faria, extiende explícitamente esa consideración a los animales salvajes, no solo a los domesticados o explotados directamente por el ser humano.

Un paso adelante en defensa de los animales Óscar Horta, profesor de Filosofía Moral (Universidade de Santiago de Compostela)

El más fácil de empezar, y además la propia editorial lo publica con licencia Creative Commons, con DOI, así que se puede citar y repartir sin problema.26 Explica qué es el especismo con ejemplos y sin jerga, y dedica espacio a los animales que viven en la naturaleza, que es la parte que casi nadie trata.

Plaza y Valdés, 2.ª ed. 2022 · 252 pp. · ISBN 978-84-17121-55-6 · Descarga gratuita en la web de la editorial, licencia CC BY-NC-SA

Paula Casal: de la ética animal a la justicia global

Paula Casal es investigadora ICREA en la Universitat Pompeu Fabra, doctora por la Universidad de Oxford y presidenta del Great Ape Project en España. Su trabajo conecta la ética animal con la justicia distributiva global: cómo deberían repartirse los recursos del planeta entre generaciones, entre países y entre especies. Es coautora, junto a Peter Singer, de Los derechos de los simios (2022), que actualiza los argumentos originales del Great Ape Project con evidencia científica y jurídica más reciente, y de Un reparto más justo del planeta (2016, con Thomas Pogge y Hillel Steiner). Su perspectiva es un recordatorio útil: la pregunta de qué le debemos a los animales no puede separarse del todo de la pregunta de qué nos debemos entre personas, sobre todo cuando ambas cuestiones comparten el mismo sistema alimentario.

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Ecofeminismo crítico: por qué el sexismo y el especismo comparten lógica

El hilo que conecta a Adams, Puleo y Velasco tiene un nombre: ecofeminismo. No es una corriente única, existen versiones esencialistas, que Puleo rechaza explícitamente, y versiones críticas o «ilustradas», que es la que domina en la filosofía española actual, pero comparten un diagnóstico: las estructuras que justifican dominar a las mujeres, a los animales y a la naturaleza no son tres problemas aislados, si no tres expresiones de una misma lógica cultural que decide quién cuenta como sujeto pleno y quién queda reducido a recurso.

La versión crítica de Puleo evita un error frecuente de las primeras corrientes ecofeministas: no dice que las mujeres tengan una conexión especial o innata con la naturaleza: eso sería, de hecho, otra forma de esencialismo, parecida a la que ha servido históricamente para confinar a las mujeres al ámbito doméstico. Dice, en cambio, que la misma cultura que ha tratado a la naturaleza como un recurso a explotar sin límite ha tratado también a las mujeres como un recurso reproductivo y de cuidados sin reconocimiento. Combatir ambas dominaciones, para Puleo, requiere las mismas herramientas: igualdad, autonomía y racionalidad ilustrada, no un regreso romántico a lo natural.

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Un debate que no está cerrado: ética animal frente a ecologismo

Fuera de esta página se suele dar por hecho que «veganismo» y «ecologismo» son sinónimos o, como mínimo, aliados naturales. La propia tradición filosófica que se acaba de recorrer muestra que no siempre es así, y merece la pena decirlo con la misma honestidad con la que se cuenta el resto.

El ecologismo tradicional suele razonar a nivel de especies y ecosistemas: lo que importa es la biodiversidad, el equilibrio de una población, la conservación de un hábitat. La ética animal de Horta y Faria razona a nivel de individuos sintientes: lo que importa es si este animal concreto sufre, sea salvaje o doméstico, sea de una especie amenazada o abundante. Esos dos niveles no siempre coinciden. Un programa de conservación puede requerir sacrificar individuos de una especie invasora para proteger a otra; la depredación y el hambre en estado salvaje generan, cuantitativamente, muchísimo más sufrimiento animal que toda la ganadería humana junta, y sin embargo el ecologismo convencional no suele plantearse intervenir en ello, mientras que Faria y Paez sostienen que esa asimetría es difícil de justificar si de verdad nos tomamos en serio el sufrimiento individual.

Por qué se cuenta esto aquí

No es un tecnicismo académico sin consecuencias: explica, por ejemplo, por qué algunas personas veganas y algunas organizaciones ecologistas discrepan sobre programas de control de fauna, sobre la caza «de gestión» o sobre hasta qué punto debería intervenirse en la naturaleza para reducir el sufrimiento animal. No existe todavía un consenso filosófico sobre esto, y cualquier fuente que presente el veganismo y el ecologismo como una sola posición sin fisuras está simplificando un debate real y activo.

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¿Y el placer de comer? El lugar del gusto en esta filosofía

Toda esta tradición podría leerse como una larga lista de renuncias. No es la única lectura posible, y dos filósofas lo han argumentado con fuerza. Carolyn Korsmeyer, en Making Sense of Taste (1999), reconstruye cómo el gusto fue relegado por la filosofía occidental, de los griegos a Kant, a la categoría de sentido «inferior», demasiado corporal y subjetivo para producir conocimiento estético genuino, y muestra que ese prejuicio es histórico, no necesario: la experiencia gustativa es tan cognitivamente compleja y culturalmente densa como la visual o la auditiva.

Nicola Perullo lleva esa idea un paso más allá con el concepto de percepción áptica: el gusto no es la inspección pasiva de un objeto (como mirar un cuadro desde lejos), si no un proceso relacional en el que quien come, lo comido y el contexto construyen juntos el significado de la experiencia. Y Lisa Heldke, con su idea de la epistemología del cocinero, defiende que cocinar es una forma de conocer el mundo tan legítima como la ciencia: el conocimiento culinario que se transmite de mano en mano no es un conocimiento «menor», es un tipo distinto de conocimiento.

La consecuencia práctica de estas tres autoras es sencilla de enunciar y difícil de exagerar: una cocina vegana no tiene que justificarse como una versión disminuida de la cocina con productos animales. Puede reclamar, con el mismo derecho filosófico, su propio lugar como experiencia sensorial, cultural y de conocimiento.

Un mapa rápido: quién defiende qué, y con qué nombre

Todas las autoras y autores de esta guía coinciden en que la especie no es, por sí sola, una razón moralmente válida. Pero llegan a esa conclusión por caminos distintos, y esos caminos tienen nombre propio dentro de la ética filosófica 27 28:

  • Utilitarismo (Singer): un acto es correcto si maximiza el bienestar y minimiza el sufrimiento de todos los afectados, sean de la especie que sean. Es una teoría consecuencialista: lo que importa es el resultado.
  • Teoría de los derechos (Regan): hay individuos o «sujetos de una vida» con un valor inherente que no puede sacrificarse por el beneficio de otros, aunque el resultado global mejore. Es una teoría deontológica: hay límites que no dependen del resultado.
  • Ética del cuidado y ecofeminismo (Adams, Puleo, Velasco Sesma): parte de las relaciones, las emociones y el contexto, no de reglas abstractas, y señala el vínculo estructural entre el sexismo y el especismo.
  • Sintiencismo / ética centrada en el sufrimiento (Horta, Faria): pone el peso en evitar el sufrimiento de cualquier ser sintiente, incluidos los que viven en la naturaleza, más que en maximizar un bienestar agregado 29.
  • Enfoque de las capacidades (Nussbaum): no basta con evitar el sufrimiento; cada animal, según su naturaleza, tiene derecho a desplegar las capacidades propias de su forma de vida, como moverse, relacionarse, jugar… y negárselo es una cuestión de justicia, no solo de compasión 30 31.
  • Teoría política animal (Donaldson y Kymlicka): propone tratar a los animales no como un problema exclusivamente moral sino como sujetos de ciudadanía —doméstica, salvaje o de frontera, según el caso— con implicaciones legales y políticas concretas, no solo éticas 32.

Que discrepen en el fundamento no debilita la conclusión: al contrario, que teorías tan distintas: consecuencialistas, deontológicas, del cuidado, acaben en el mismo sitio es, para buena parte de quienes trabajan en ética animal, un indicio de que la conclusión es sólida y no depende de un solo marco filosófico.

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Lo que esta tradición no resuelve

Ninguna corriente filosófica sale indemne de sus propias contradicciones. Tres límites que conviene conocer antes de citar a estas autoras como si hablaran con una sola voz.

El utilitarismo de Singer tiene un punto débil real

Si lo único que importa moralmente es el balance final de sufrimiento y bienestar, en teoría podría justificarse causar daño a un individuo si eso produce un beneficio mayor para el conjunto. Regan construyó toda su teoría de los derechos precisamente para cerrar esa puerta, y el debate entre ambos enfoques (consecuencias frente a límites que no deben cruzarse nunca) sigue abierto en la filosofía moral, dentro y fuera de la ética animal.

Universalizar desde un solo lugar tiene un coste

Lisa Heldke ha señalado el riesgo de lo que llama «colonialismo culinario»: apropiarse de cocinas ajenas como aventura exótica sin reconocer su contexto ni a las comunidades que las crearon. Y A. Breeze Harper, en Sistah Vegan (2010), documenta cómo el veganismo se ha codificado culturalmente en Estados Unidos como «cosa de blancos» y de clase privilegiada, una etiqueta que no es accidental sino el resultado de un movimiento que durante mucho tiempo no integró el análisis racial ni de clase. Trasladado a España, la pregunta equivalente es si las propuestas veganas que se presentan aquí son accesibles de verdad para cualquier renta, o solo para quien ya tiene el tiempo, el dinero y las habilidades culinarias necesarias.

No hay un solo «ecofeminismo» ni una sola «ética animal»

Esta guía ha priorizado deliberadamente el ecofeminismo crítico de Puleo y Velasco, pero existen otras corrientes ecofeministas, algunas más cercanas a un vínculo espiritual o esencialista entre mujeres y naturaleza, que la propia Puleo rechaza de forma explícita. Y dentro de la ética animal, la tensión entre Horta/Faria y buena parte del ecologismo convencional (sección anterior) muestra que ni siquiera las autoras aquí citadas están de acuerdo en absolutamente todo entre sí.

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Qué cambia esto en la práctica

No hace falta resolver el debate entre utilitarismo y derechos, ni tomar partido en la disputa entre ética animal y ecologismo, para que esta tradición cambie algo en cómo se decide qué comer. Tres ideas, tomadas del recorrido anterior, funcionan como criterio práctico incluso para quien no ha leído a ninguna de estas autoras:

Tres ideas que sobreviven a cualquier libro de esta lista
La especie no es una razón moral por sí solaSi algo se rechazaría por causar sufrimiento innecesario a una persona, hace falta una razón y no una intuición para aceptarlo cuando la víctima es un animal no humano.
El lenguaje esconde lo que no queremos verEl «referente ausente» de Adams no es solo una idea sobre la carne: aplica a cualquier eufemismo que nos evite pensar en el animal, la persona o el ecosistema detrás de un producto.
El cuidado no es un argumento menorFrente a la razón fría de la ética clásica, Velasco reivindica el valor filosófico de la empatía y el cuidado. No hace falta elegir entre sentir y razonar para tomar decisiones alimentarias coherentes: las autoras aquí citadas tampoco eligieron.

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Nota de método

Esta guía prioriza deliberadamente a autoras mujeres y, dentro de ellas, a las que escriben o han escrito en español, porque su trabajo casi nunca aparece cuando se cuenta esta historia en medios generalistas, a pesar de que varias de ellas, como Faria o Casal, tienen proyección académica internacional propia, no derivada de la tradición anglosajona. Las biografías y obras citadas se han verificado contra los perfiles universitarios y las fichas académicas de cada autora.

La sección sobre el debate entre ética animal y ecologismo no toma partido: se incluye porque es un desacuerdo real dentro del propio campo, y silenciarlo habría dado una imagen falsamente unánime de una tradición que, como cualquier otra, discute internamente.

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Referencias

  1. Digard, Jean-Pierre, y Mary Boyce. «Cattle». Encyclopaedia Iranica, 15 de diciembre de 1990, actualizado el 30 de mayo de 2013. iranicaonline.org/articles/cattle ↩
  2. Malandra, William W. «Sacrifice i. In Zoroastrianism». Encyclopaedia Iranica, 15 de marzo de 2010, actualizado el 10 de septiembre de 2015. iranicaonline.org/articles/sacrifice-i ↩
  3. Gnoli, Gherardo. «Agathias and the Date of Zoroaster». Ērān ud Anērān: Webfestschrift Marshak 2003, Transoxiana, 2003. transoxiana.org/Eran/Articles/gnoli.html ↩
  4. Peschl, Benedikt. «Overview Essay: Zoroastrianism and Ecology». Yale Forum on Religion and Ecology, Yale University. fore.yale.edu/World-Religions/Zoroastrianism/Overview-Essay ↩
  5. Gorisse, Marie-Hélène. «Jaina Philosophy». Stanford Encyclopedia of Philosophy, 13 de febrero de 2023. plato.stanford.edu/entries/jaina-philosophy ↩
  6. Prakash, Om. Economy and Food in Ancient India. Delhi: Munshiram Manoharlal, 1961 ↩ ↩
  7. Virginia García – CreatiVegan para Cocina Sin Receta- «Historia de la gastronomía india (parte 1)». cocinasinreceta.com/tecnicas/manual-de-instrucciones/historia-de-la-gastronomia-india-parte-1 ↩
  8. Dhammika, Ven. S., trad. The Edicts of King Asoka: An English Rendering. The Wheel Publication n.º 386. Kandy: Buddhist Publication Society, 1994. accesstoinsight.org/lib/authors/dhammika/wheel386.html ↩
  9. Cho, Yoon Kyung. «Emperor Wu of Liang’s Reinterpretation and Elevation of the Precepts as the Bodhisattva Ideal». Religions, vol. 16, n.º 2, art. 164, 2025. doi.org/10.3390/rel16020164 ↩
  10. García, Virginia — CreatiVegan. «Historia de la gastronomía india (parte 1)». Cocina Sin Receta. cocinasinreceta.com/tecnicas/manual-de-instrucciones/historia-de-la-gastronomia-india-parte-1 ↩
  11. Fan, Ruiping. «How Should We Treat Animals? A Confucian Reflection». Dao: A Journal of Comparative Philosophy, vol. 9, n.º 1, 2010, pp. 79-96. doi.org/10.1007/s11712-009-9144-7 ↩
  12. Weinberger, David, y Daniel A. Dombrowski. «The Philosophy of Vegetarianism». The Classical World, vol. 79, n.º 3, 1986, p. 203. doi.org/10.2307/4349858 ↩
  13. Dombrowski, Daniel A. «Vegetarianism and the Argument from Marginal Cases in Porphyry». Journal of the History of Ideas, vol. 45, n.º 1, 1984, p. 141. doi.org/10.2307/2709335 ↩
  14. Animals and Ethics. Internet Encyclopedia of Philosophy. iep.utm.edu/animals-and-ethics ↩
  15. Cottingham, John. «‘A Brute to the Brutes?’: Descartes’ Treatment of Animals». Philosophy, vol. 53, n.º 206, 1978, pp. 551-559 ↩
  16. Bentham, Jeremy. An Introduction to the Principles of Morals and Legislation. Londres, 1789 [ed. 1823], cap. XVII, secc. I, nota IV ↩
  17. Cobbe, Frances Power. Dictionary of Irish Biography. dib.ie/biography/cobbe-frances-power-a1777 ↩
  18. Francione, Gary L. «Peter Singer: “Oh my god, these vegans…”». Animal Rights: The Abolitionist Approach. abolitionistapproach.com/peter-singer-oh-my-god-these-vegans ↩
  19. Webb, Christine. El mono arrogante: la supremacía humana y sus consecuencias. Traducción de Miguel A. Pérez. Barcelona: Editorial Crítica, 2026. ISBN 978-84-9199-848-8 ↩
  20. Adams, Carol J. La política sexual de la carne. Ochodoscuatro Ediciones, 2016 ↩
  21. Tafalla González, Marta. Filosofía ante la crisis ecológica: una propuesta de convivencia con las demás especies: decrecimiento, veganismo y rewilding. Madrid: Plaza y Valdés, 2022. ISBN 978-84-17121-56-3. ↩
  22. Tafalla, Marta. Ecoanimal. Una estética plurisensorial, ecologista y animalista. Plaza y Valdés, 2019 ↩
  23. Velasco Sesma, Angélica. La ética animal. ¿Una cuestión feminista? Ediciones Cátedra, 2017 ↩
  24. Puleo, Alicia H. Claves ecofeministas. Para rebeldes que aman la Tierra y a los animales. Plaza y Valdés, 2019 ↩
  25. Faria, Catia. Animal Ethics in the Wild: The Case for Intervention. Cambridge University Press, 2023 ↩
  26. Horta Ó. Un paso adelante en defensa de los animales. 2.ª edición. Madrid: Plaza y Valdés, 2022. ISBN 978-84-17121-55-6. DOI 10.5211/9788417121556. Licencia Creative Commons BY-NC-SA 4.0. ↩
  27. Ética animal. Sociedad Española de Filosofía Analítica. sefaweb.es/etica-animal ↩
  28. Ética animal. Universidad Complutense de Madrid, Grupo de Investigación en Metodología de la Investigación en Ética Aplicada. ucm.es/metodologia-investigacion-etica-aplicada/etica-animal ↩
  29. Rozas, Mateo; Cancino Rodezno, Ángeles; Horta, Óscar. «Las éticas centradas en el sufrimiento y sus implicaciones para el cuestionamiento del uso de los animales». Revista de Filosofía, Universidad del Zulia, vol. 38, n.º 99, 2021, pp. 81-97. doi.org/10.5281/zenodo.5639795 ↩
  30. Nussbaum, Martha C. Frontiers of Justice: Disability, Nationality, Species Membership. Cambridge: The Belknap Press of Harvard University Press, 2006 ↩
  31. Martín Blanco, Sara. «Reflexiones morales sobre los animales en la filosofía de Martha Nussbaum». Revista de Bioética y Derecho, n.º 25, 2012, pp. 59-72 ↩
  32. Donaldson, Sue y Will Kymlicka. Zoopolis: A Political Theory of Animal Rights. Oxford: Oxford University Press, 2011 ↩